sábado, 28 de julio de 2007

Ella


Jorge subió las escaleras rumbo al ultimo piso. Su mirada reflejaba un turbio resentimiento, producto de tantas noches consagradas a la lectura de textos eróticos y profanos, llenos de extravagantes regordetas y lascivas posturas sexuales. El edificio era oscuro, con papeles regados en cada esquina, apilados sin mucho orden y con mas o menos señales de haber sido usados en una actividad procaz e inmunda.

En los diez años que llevaba trabajando como matador de puercos, Jorge nunca habia podido conseguir a una mujer que acepte vivir con el en su sucio departamento, rodeado de otros sucios departamentos, donde solo se respiraba un hedor parecido al de los camales en los que trabajaba.

En sus largas noches de meditaciones lascivas había soñado con la mujer ideal; pero se había dado cuenta que ella nunca iba a aceptarlo. El estaba fuera de todo intento de parecer al menos simpático. Su grasienta panza y su cara llena de granos rojos e hinchados –ni hablar de su nariz abultada- le hacían, combinado con el olor de camal que le rodeaba, sencillamente repugnante.

Hasta que llego ella. Ella fue la compañera que le devolvió la vida y que le ayudo a sentirse mejor. La que le ayudo a comprender que en el mundo existen pares y que pueden no necesariamente ser totalmente iguales. Solo fue cuestión de reorganizar el cuartucho, ya que a ella no le molestaba el desorden: Parecía amarlo al igual que amaba a Jorge.

Los vecinos se quejaban de la bulla por las noches, y llegaron a tal punto que llego la policia y detuvo a Jorge y a su compañera por uno de esos tantos delitos contra la moral y las buenas costumbres. Jorge protesto y grito a todos su amor por ella, pero no pudo hacer nada. Jorge se quedo solo. Se la llevaron al camal de donde salió




Lima, septiembre de 1999.

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